Arte ingrávido

Posted on 15 abril, 2012

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“La ingravidez es el motor de todo lo creativo”.

Charles Wilp era un ferviente creyente en el poder artístico del espacio, tanto casi como de la Afri-Cola. Para el ´artonauta´ alemán, un encuentro con su compatriota Werner von Braun en una base de lanzamiento para cohetes estadounidense inspiró uno de los anuncios más transgresores de todos los tiempos: el famoso slogan ´super sexy mini flower pop op cola´ había nacido.

Bautizado como el ´Príncipe del Espacio´, Wilp consideraba la ingravidez un mega recordatorio sensorial del mundo (Merkwelt) y el origen de todo impulso creativo. Desechó el lienzo y las pinturas al óleo por el papel de aluminio utilizado para proteger a los satélites de las inclemencias del espacio exterior.

Gennadi Manakov no tenía nada de artista, pero disfrutó su encuentro con el arte como nadie a bordo de la estación espacial Mir. Cuando un tubo de aluminio de intrincada geometría comenzó a girar libremente en el módulo, el cosmonauta siguió sus movimientos con expectante reverencia. Piloto de formación, Gennadi no dudó en unirse a la libertad de movimiento de la escultura bailando con ella.

Polischuk con ´Cosmic Dancer´/ G. Manakov

La escultura se llamaba ´Cosmic Dancer´ y fue creada en tierra en 1993 por el artista Arthur Woods con apenas un kilo de peso. Fue el primer trabajo de arte tridimensional concebido específicamente para exhibirse en el hábitat espacial. Woods quería poner de relieve la dimensión cultural del espacio. ¿Podría integrase el arte en los programas espaciales?

“Contemplar la escultura girar en microgravedad mientras escuchábamos música produjo un efecto que probablemente sea imposible de recrear en la Tierra. Es difícil de describir,” explica el otro cosmonauta que participó en la experiencia, Alexander Polischuk. Para él, su baile simbólico alrededor del ´Cosmic Dancer´ fue fascinante y estéticamente valioso por sí mismo.

El emprendedor Richard Garriott, el sexto humano en volar a la Estación Espacial Internacional a costa de su propio bolsillo, quiso crear obras de arte ingrávidas durante su estancia en órbita. Llevó consigo una caja de pintura en la que las gotas de pintura flotaron libres hasta estamparse en el lienzo.

Richard Garriot, artista espacial/ www.richardinspace.comDe acuerdo con su página web, las obras reflejan su experiencia emocional y física. Tras el vuelo, se vendieron en una subasta benéfica para los familiares de la malograda tripulación del Space Shuttle Challenger.

Richard había practicado antes durante varios vuelos parabólicos, pero no ha sido el único en jugar con pincel y microgravedad. También en 2008, el artista contemporáneo Nasser Azam completó una serie de cuadros a bordo de un vuelo parabólico en Rusia.

Una fan de la levedad del ser es Kitsou Dubois, una de las primeras bailarinas en someter su danza a gravedad cero. Exploradora incansable del movimiento humano libre de gravedad desde 1991, no sólo ha llegado a proponer un método de entrenamiento para astronautas, sino que además se doctoró con una interesantísima tesis titulada “Cuerpo, movimiento, baile e ingravidez”. Creo que hasta la fecha no he leído mejor descripción de la experiencia ingrávida.

Su estela ha sido seguida por muchos otros artistas y bailarines, como podemos apreciar en este vídeo orquestado por la coreógrafa Jeanne Robinson y el proyecto Star Dance en otro vuelo parabólico.

Y como parece ser que cualquier cosa relacionada con gatos es un hit asegurado en la red, aquí va el vídeo de un felino que lucha contra sus propios sentidos para mantener cierta estabilidad en ausencia de gravedad.

El vídeo fue grabado en el Centro de Entrenamiento de Cosmonautas Yuri Gagarin, y su instigador, Lyn Hagan asegura que el gato no sufrió ningún daño durante sus diez parábolas en microgravedad y que sigue disfrutando su vida gatuna en Moscú.

El gato ´Porculpa´ se contorsiona en ingravidez. Si quieres ver el vídeo de Lyn Hagan, puedes hacerlo en su página web.

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